lunes, 1 de junio de 2009

DESARRAIGO.

Antiguamente se tomaba del conocimiento ancestral donde se ceremoniaba cada vez que un nativo dejaba su lugar de nacimiento. Se creía que ambos, madre() e hijo() necesitaban desarraigarse.

En las profundidades de los espesos bosques y en las alturas de los andes, bien al sur de la cordillera andina, valle de Andorra, sitio de amparo para quienes actualmente conservan dicha tradición.

Mi intención en el momento de la captura fue hacer un registro de aquella ceremonia, ya que el niño fueguino, se mudaba con su familia al norte, y el sacerdote chaman, peticiono su partida. Se me autorizo el registro y fui parte de esa ceremonia con cuerpo, alma y cámara fotográfica.

Hoy dia después de dos años, edito el material con más conciencia sobre el desarraigo ya que no solo plasmo en las fotos aquel momento preciso autorizado por los antiguos sabios, sino que tambien hablo en imágenes de todo desarraigo existente dentro de mis creencias.

Desapego humano en el que me encuentro.

Desapego mental que se radica en mis creencias con fuerza, con identidad, con seguridad, decisión, comprensión y amor.





































FINALES DE UN OTOÑO.

En la espera de su llegada las sensaciones cambiaban tanto como las hojas, el envejecimiento de ellas era tanto como el mío, el cambio de los gigantes mostraba lo que en mi no podía ver.


Como ver la furia dentro del verde.


El agua mostraba el tiempo, el no visto, el de la llegada y el del que se fue.


Yo estaba ahí, mezclada con el deber ser, parada junto a otros, viendo pasar el tiempo.




Se nubla  mi mirada, las lagrimas acechan otra vez mi presente, creo que es parte de esa angustia de no poder ver claro aquello que ya no esta, 


lo vivido se torna a irrepetible, lo irrepetible se transforma a perdido, lo perdido ya no esta, ni siquiera en mi memoria clara.


El tiempo denota variables momentos vividos, maduros, coloridos y secos.


Una infancia rápida, posibles sensaciones calidas, pero un presente que demuestra que lo no claro recuerdo.


Enseñanza dictada y otra vivenciada armaron mi cultura.



Juventud furiosa, busque parar el pensamiento

Maduración sin pausa, evidencia de mí una realidad determinada.


La soledad es mi aliada.


Afianzada ya sin dolor, el tiempo es mi cómplice, el tiempo ya no se escapa, lo capturo, lo conservo.


Este otoño ya tiene un sentido, fue esperado para algo, tristeza con sentido, angustia aclarada.


Claridad del deseo, final del desamor.


El movimiento del agua me empuja, el salto es furioso y calido,


Recorro en mi interior solo queda la experiencia,


La decisión esta tomada, no hay retorno

Adiós.

 

Autor: FERNANDA RIVERA LUQUE.